La Época Visigoda:  Germanos versus Godos

 

ándalos, suevos, alanos,...
   
  Hispania saqueada por pueblos germanos
  Los visigodos expulsan a los germanos
  La recompensa: las Hospitalitas
  Hispania bajo el reino visigodo de Toulouse
  La amenaza de los francos
   
demás...
 

¿Qué pasaba en Maderuelo?

   

Guerrero alano

 

 

Hispania saqueada por pueblos germanos

A principios del siglo V, la frontera del río Rhin del Imperio Romano está prácticamente indefensa ya que se han retirado de ella gran parte de los ejércitos romanos allí estacionados para combatir la amenaza que supone la presencia del pueblo visigodo a las puertas de la Península Itálica. 

El día 31 de Diciembre de 406, aprovechando que el Rhin se encuentra helado, un tumulto de pueblos germanos cruza la frontera, huyendo de los hunos que poco a poco se acercan a Europa Occidental. 

Estos pueblos viven del saqueo de ciudades y villas del Imperio. 

 Guerrero vándalo 

En 409, suevos, vándalos y alanos cruzan los Pirineos por sus pasos occidentales (Navarra y País Vasco) y asolan la Península Ibérica. El obispo de Lugo y cronista del siglo V, Hidacio, nos describe muy gráficamente la honda conmoción que produjo entre los habitantes de Hispania estos pueblos invasores:

"Los bárbaros que habían penetrado en las Españas, las devastan en luchas sangrientas. Por su parte la peste hace estragos no menos rápidos. Los bárbaros se desparraman furiosos por las Españas, y el azote de la peste no causa menos estragos, el tiránico exactor roba y el soldado saquea las riquezas y las vituallas escondidas en las ciudades; reina un hambre tan espantosa, que obligado por ella, el género humano devora carne humana, y hasta las madres matan a sus hijos y cuecen sus cuerpos para alimentarse con ellos. Las fieras aficionadas a los cadáveres de los muertos por la espada, por el hambre y por la peste, destrozan hasta a los hombres más fuertes, y cebándose en sus miembros, se encarnizan cada vez más para destrucción del género humano. De esta suerte, exacerbadas en todo el orbe las cuatro plagas: el hierro, el hambre, la peste y las fieras, cúmplense las predicciones que hizo el Señor por boca de sus Profetas. Asoladas las provincias de España por el referido encruelecimiento de las plagas, los bárbaros, resueltos por la misericordia del Señor a hacer la paz, se reparten a suertes las regiones de las provincias para establecerse en ellas: los vándalos y los suevos ocupan la Galicia, situada en la extremidad occidental del mar Océano; los alanos, la Lusitania y la Cartaginense, y los vándalos, llamados silingos, La Bética. Los hispanos que sobrevivieron a las plagas en las ciudades y castillos se someten a la dominación de los bárbaros que se enseñoreaban de las provincias."

Las epidemias de peste, que se repiten cíclicamente en el Imperio Romano desde el s. II, siguen haciendo estragos. Además, la ferocidad de estos pueblos bárbaros, que viven de lo que rapiñan sobre el terreno impresionan enormemente a una población que se encuentra prácticamente indefensa (hay que recordar que en Hispania no existen apenas tropas de defensa, solamente algunos destacamentos romanos de guarnición y “ejércitos” privados de los grandes terratenientes, que se dedican a defender sólamente las propiedades de su señor). 

En el año 411, todos estos pueblos bárbaros llegan a acuerdos con los hispano-romanos para cesar en sus saqueos, a cambio de establecerse en tierras. Estas tierras son grandes fincas abandonadas por la aristocracia hispana (huidos o muertos en estos convulsos años) cerca de ciudades bien amuralladas. No cultivarían la tierra, cobrarían tributos a los colonos de dichas fincas. De todas maneras, el impacto demográfico no fue excesivamente grande. Se calcula que entrarían en Hispania unos 200.000 bárbaros (de ellos unos 50-55.000 combatientes) mientras que en habría unos 5-6 millones de hispano-romanos.

  Los pueblos bárbaros se “repartieron” la Península del siguiente modo: Suevos, en Galicia y Norte de Portugal; Vándalos hasdingos en todo el valle del Duero; Alanos, en la meseta inferior y Portugal y Vándalos silingos en Andalucía. El valle del Ebro y la zona levantina quedaron al margen de dicho reparto ya que en estas zonas aún pervivía un poder romano fuerte. Se desconocen los motivos de tan peculiar división. Estas tribus vivirían en grupos de tamaño mediano repartidos por los lugares estratégicos de las regiones donde se asientan.


 


 

Los visigodos expulsan a los germanos

A la muerte violenta del rey Ataulfo, le sucedió en el trono Valia en 416. 

El nuevo rey llegó a un acuerdo con el Emperador romano para atacar a los otros pueblos bárbaros instalados en Hispania. Valia organizó un fuerte ejército y avanzó sobre el Duero

Los vándalos silingos y los alanos huyeron hacia el Sur y el Oeste ante la amenaza visigoda.

Aquí mostramos un típico guerrero alano, una tribu de origen turco que se unieron a los vándalos en su lucha contra romanos y hunos.  Herederos de la tradición bélica de los sármatas viste una cota de escamas.

 Guerrero alano 

 

Hacia 420 los vándalos hasdingos, estacionados en el valle del Duero también abandonan la zona por la amenaza visigoda y la presión del ejército romano del valle del Ebro.  Se unen a sus parientes vándalos silingos que viven en Andalucía, hasta que en 429, hostigados por los visigodos y los ejércitos aristocráticos hispano-romanos cruzan el estrecho de Gibraltar para establecerse en el Norte de África durante casi un siglo, ejerciendo la piratería.  Los alanos de la meseta inferior les acompañaron.

Se calcula que pasaron el estrecho unos 80.000 vándalos (prácticamente toda la etnia vándala). Los suevos (establecidos en Galicia) son el único pueblo bárbaro que queda asentado en la Península.

Aprovechando las migraciones de los demás bárbaros, los suevos se extienden por todo el valle del Duero (en 427 ocupan Segovia) y Portugal hasta Lisboa. De todas maneras, se trata de un dominio muy escaso, debido a su pequeño número (no pasaría su número de 20-25.000 suevos, de ellos unos 6.000 combatientes). De hecho, se dedicarían más a cobrar tributos  y a puntuales expediciones de saqueo por el Duero, evitando enfrentarse a los ejércitos privados de los terratenientes hispano-romanos.

  En estos años no existe un poder centralizado propiamente dicho. Cada terrateniente es dueño y señor en sus dominios. La administración romana no existe. En zonas no abscritas a ningún terrateniente (recordemos que la zona de Maderuelo estaría ocupada por un bosque extensísimo) proliferan los bandoleros. Estos bandoleros son pequeños campesinos que, ante la inseguridad y nula protección que soportan, prefieren abandonar sus tierras y unirse a un grupo bandolero, que sobrevive a base de pequeños asaltos y saqueos a villas y aldeas poco protegidas, siempre perseguidos por los ejércitos privados de los grandes señores.


 


El sistema de Hospitalitas

A cambio de esta limpieza, el emperador Honorio recompensó a Valia y sus visigodos con tierras en el Suroeste francés mediante el sistema de la Hospitalitas. Éste consiste, básicamente en la entrega a los visigodos de 2/3 de determinadas fincas, con la proporción equivalente del uso de bosques y baldíos cercanos.

Las Hospitalitas serán muy utilizadas en años sucesivos, como veremos. Para la aristocracia terrateniente romana este sistema de asentamiento es ventajoso. Hay que recordar que la tierra está en manos de relativamente pocas familias aristocráticas. Para ellos es fácil desprenderse de algunas fincas donde se asienta un miembro de la nobleza visigoda, acompañado de su clientela particular. A cambio, la presencia del visigodo garantiza que en la zona no habrá correrías de otros bárbaros ni partidas de bandoleros.


 


Hispania bajo el reino visigodo de Toulouse

A mitad del siglo V los visigodos, hasta ahora concentrados en el Sur de Francia, empiezan a ocuparse más de los asuntos de la Península Ibérica. En 456, el rey visigodo Teodorico II penetra por Navarra con un poderoso ejército, entra en el valle del Duero y se enfrenta a los suevos, que derrota a orillas del río Órbigo (León). El dominio suevo (si es que lo hubo alguna vez) en el Duero desaparece definitivamente, sustituyéndose por el visigodo.

El ejército de Teodorico II se queda en la Península mediante el sistema de Hospitalitas ya descrito. Igualmente, este dominio visigodo es muy tenue, ya que son una escasísima minoría repartidos entre la población hispano-romana. Solamente ocupan alguna plaza estratégica (Palencia) para controlar a los suevos (de vuelta nuevamente a su reducto gallego). Teodorico II  es asesinado en 466 (el asesinato de reyes visigodos es una constante por la lucha entre los diferentes clanes nobiliarios visigodos) y su hijo Eurico, sigue con la penetración visigoda en Hispania, aunque hay grandes zonas, sobre todo en al Sur del Sistema Central y Levante, donde el dominio visigodo es inexistente pues la aristocracia hispano-romana sigue siendo y será muy importante.


 


 

La amenaza de los francos

En 484, sucede a Eurico su hijo, Alarico II, que prosigue la integración de la Península Ibérica en el reino visigodo con capital en Tolouse, ciudad del S. de Francia.

Este rey debió encarar la amenaza del nuevo y poderoso reino germano: el franco, que disputará con el visigodo la hegemonía en el Sur de Francia. 

El enfrentamiento entre francos y visigodos desemboca en la batalla de Vouillé (507) cerca de Burdeos, donde los visigodos son derrotados completamente. En la batalla muere el rey Alarico II junto a gran parte de la nobleza visigoda. Esta derrota desarticuló totalmente el reino visigodo. 

Guerrero franco 

Todo el Suroeste de Francia fue ocupado por los francos. La presión de los francos sobre el reino de Tolouse hace que, a caballo entre finales del siglo V y principios del VI, masas de campesinos visigodos emigren hacia la Penísula Ibérica. Estos campesinos se establecen en pequeñas aldeas. Parece ser que se asentaron preferentemente en lo que es la actual provincia de Segovia (los abundantes yacimientos arqueológicos así lo atestiguan). Desde aquí se extenderían, a medida que fueran llegando más contingentes visigodos, hacia Burgos, Soria, Guadalajara, Madrid, Toledo, Valladolid y Palencia.

El estado visigodo hubiera desaparecido de no ser por la ayuda que prestó Teodorico, rey de los ostrogodos (que ocupaban en ese momento la Península Italiana) a sus parientes visigodos. Hay que recordar que ambos pueblos son de la misma etnia; además, Alarico II estaba casado con una hija de Teodorico y tenía un hijo llamado Amalarico (nieto de Teodorico). El ostrogodo sostuvo las posesiones visigodas en la Provenza francesa (Perpiñán, Arlés, Carcasona) gracias a un ejército que destacó en la zona.

Teodorico ejerció de hecho como rey del estado visigodo, compartiendo el cargo con el de rey de los ostrogodos italianos. Los clanes nobiliarios visigodos estaban tan desarticulados que no hubo nadie que se opusiera a la toma de poder por Teodorico. El rey gobernaba desde Rávena (capital ostrogoda) y nombró un gobernador para Hispania ostrogodo: Teudis. Muchos miembros de la nobleza ostrogoda ocuparon puestos relevantes en el ejército y administración del reino visigodo. Muchos de ellos casaron con mujeres de la nobleza visigoda, intentando crear lazos de sangre más íntimos entre ambos pueblos.


 


 

Y mientras ... ¿qué pasaba en Maderuelo

Ya hemos comentado que Maderuelo debía estar ocupado por un bosque  que lo separaba del valle del Duero.  El único paso accesible sería remontando el Riaza o cruzando la Serrezuela de Sepúlveda por el Miliario, entre Roa y Aranda.  Es posible que se produjeran correrías de los vándalos hasdingos, que asolaron el valle del Duero a principios del siglo V o por los suevos, que llegaron a ocupar Segovia, años más tarde. 

Lo que es seguro es que sería refugio de gente montaraz, obligada a vivir en semiclandestinidad por las nula protección y seguridad de la época.