Edad Media: El Fuero de Sepúlveda (s. X-XII)

 

 

uero de Sepúlveda
   
  Consideraciones previas
 

Otorgamiento del Fuero de Sepúlveda

  Entorno histórico
  La villa según fuero
  Otras cartas foreras
  Estipulaciones del Fuero
  Concilium o concejo
  Colaciones o parroquias
  Cargos públicos
 

Medianedo y Hermandad

 

 

 

 

 

 

onsideraciones previas 

La palabra “forum” o fuero significa en principio el derecho particular de un territorio o de un grupo social determinado. Está muy cercano  a lo que se denomina “costumbre”. Como los fueros otorgados para asegurar la repoblación tenían muchas ventajas, la palabra adquirió un sentido positivo (el de estatuto privilegiado).

Con el tiempo, las comunidades aspiraron a mejorar el fuero original y a adaptarlo a las nuevas condiciones económicas y sociales. Siempre estas mejoras fueron en la línea de limitar las obligaciones debidas al señor y la reducción de poderes de los agentes señoriales.  En las villas de realengo (tal es el caso de Maderuelo y las de la Extremadura castellana) estas mejoras se consiguieron sin muchas dificultades. A los primitivos fueros (en general breves)  se añadieron ventajas parciales que eran ratificadas por el soberano. Las ciudades, una vez conseguido su autogobierno (a partir del siglo XIII) experimentaron la necesidad de codificar fueros, privilegios reales y legislación particular. A este codificación se la llama Fuero Extenso.

Se dedica todo un capítulo al Fuero de esta villa, por que es aplicable a los fueros que se otorgaron a otras villas y ciudades.  En muchos casos son copias de este, y en Maderuelo, segregado del alfoz de Sepúlveda, es casi seguro que la carta forera fuese una mera trapscripción.

 

 


torgamiento del Fuero de Sepúlveda

Hechas las anteriores consideraciones, hay que decir que existen dos redacciones del Fuero de Sepúlveda: uno corto y escrito en Latín, llamada el Fuero Latino (más antiguo) y otro escrito en romance (castellano antiguo) bastante más largo y detallado llamado el Fuero Extenso.

El texto conservado del Fuero Latino es una copia de la confirmación que hicieron Dña. Urraca y Alfonso I. Dicha copia puede datarse en la segunda mitad del siglo XII. El texto original tendría fecha de 17 de noviembre de 1076, firmado por Alfonso VI. Existe otra copia del fuero, cuando Fernando IV lo confirmó en 1305. Esta confirmación alteró el texto original ya que encontramos un texto latino con palabras y formas castellanas.

La otorgación del Fuero de noviembre de 1076 dado por Alfonso VI se considera un hito por toda la historiografía ya que marca el inicio de toda la repoblación de la Extremadura mediante unos órganos de gobierno concejiles y de administración del territorio que serán imitados por todas las villas de la frontera.

 

 


ntorno histórico

La repoblación, tras las destrucciones de Almanzor, ha comenzado durante el reinado de Fernando I, y continuada por Sancho II, es definitivamente impulsada por Alfonso VI, que envía a su merino (funcionario encargado de la repoblación) Pedro Juan, con amplios poderes, la potestas populandi, para acometer una exhaustiva tarea de asentamientos de población, señalando límites de términos, reserva de bienes comunales, definición de derechos regios, etc.

Sabemos que Alfonso VI se encuentra en el alfoz sepulvedano desde el verano inspeccionando la frontera, pues en agosto ha concedido al monasterio de Silos el lugar de San Frutos del Duratón. Los límites de esta donación son fijados por veintiséis vecinos de Sepúlveda, cuyos nombres nos son conocidos por el documento de donación. La presencia de tales personas, reclamadas por el rey para que sean determinadotes cosignantes de la nueva propiedad nos lleva a intuir varias cosas: primero, la villa ya está suficientemente poblada; segundo, la población está bien organizada administrativamente (ya que ha elegido entre los vecinos a este grupo para acudir al deslinde); y tercero, que la zona donada se encuentra en unos terrenos de aprovechamiento comunal (lo que incide en el tema de la organización de la villa).

El Fuero de Sepúlveda fija por escrito el derecho de la Extremadura Castellana. Hasta su plasmación por escrito el derecho emanaba de asambleas de justicia presididas por el conde, o un vicario que ponen en práctica costumbres judiciales distintas a las compiladas en Liber Iudiciorum visigótico cuya tradición sí se conservó en el reino de León.

Alfonso VI consolida los derechos ya existentes cuando dice “confirmamos a Sepúlveda su fuero que tiene desde tiempo antiguo”. Cuando Alfonso VI otorga el fuero en 1076, probablemente éste no estuviera plasmado por escrito y fuera conocido por tradición oral ya que en otro pasaje se dice: “confirmamos todo lo que oímos de este fuero”. No es para menos, ya que está regulando, y en algunos casos, ampliando los derechos de una población que ha crecido en un ambiente de libertad y riesgo como es el que se vive en las tierras de frontera. En adelante, el rey se convierte en el único señor de la villa.

 


a villa según fuero

Además de favorecer a la villa, en el Fuero Latino se plasma la estructura administrativa y militar, que desembocará más adelante en la llamada Comunidad de Villa y Tierra. Los límites del Fuero comprenden un gran número de aldeas y fortalezas (entre ellas Maderuelo) que  están unidas a Sepúlveda con fines defensivos y económicos.

El Fuero distingue entre aldeas (que dependen directamente de Sepúlveda y forman parte de su término) y las villas (de propiedad regia o de infanzones, que mantienen una relación con la villa cabeza de alfoz dentro del ámbito jurisdiccional y militar). Maderuelo es un ejemplo de este último caso. Estas villas, de todos modos, deben  acudir en fonsado y apellido de Sepúlveda y tributar conjuntamente al rey.

El Fuero Latino significa la vinculación de sumisión de los habitantes de Sepúlveda con el rey. A cambio, éste reconoce la posesión del concejo de la villa del conjunto de tierras por las que se extiende su jurisdicción. Además, se les reconoce la exención de portazgo a sus habitantes para todo el reino. Igualmente, se les exonera del alojamiento forzoso del rey o su corte (el “yantar” del fuero).

 

 


tras cartas foreras

El Fuero Extenso es una falsificación, en la que se intenta poner un conjunto de preceptos variados bajo la autoridad de una concesión auténtica. Ya en el Preámbulo del Fuero Extenso, en la fijación de límites, varía del antiguo Fuero Latino. Además, la mitad, más o menos, del Fuero Extenso es una transcripción literal del Fuero de Cuenca; pero la otra mitad es un texto original. De todas formas, el Fuero de Cuenca es la plasmación por escrito del derecho consetudinario castellano, que no era otro que el derecho existente en la Extremadura Castellana. Y la primera formulación de este derecho es, sin duda, el Fuero de Sepúlveda.

El Fuero de Teruel y Albarracín dice: “señaló a los que poblaron estas villas que se rigiesen por las leyes antiguas que el rey D. Sancho [III de Navarra, el Mayor] y antes de él los Condes de Castilla (...) dieron a los de Sepúlveda”. El Fuero de Teruel es el mismo que el de Cuenca, por lo que se deduciría que el Fuero de Cuenca sería el de Sepúlveda. En el fuero conquense encontramos algunas adaptaciones a los tiempos (sobre todo en lo referente al derecho de familia y sucesión, donde encontramos influencias del derecho romano).

En el Fuero Extenso encontramos 138 títulos que son peculiares (algo más de la mitad) de Sepúlveda. No aparecen en otros fueros. En él encontramos, en un gran desorden de temas, un derecho penal, un tratado de derecho familiar y patrimonial; privilegios y ordenanzas que son más antiguas.

La fijación definitiva del fuero de Sepúlveda se produce cuando Alfonso X intenta fijar con el Fuero Real la diversidad de fueros locales. Hubo una gran resistencia porque el Fuero Real fija que los alcaldes serán nombrados por el rey, en vez de ser nombrados por el concejo. En 1272, el Rey Sabio otorga “el fuero de los privilegios y las franquezas que les dieron el rey D. Fernando, nuestro padre y el rey D. Alfonso, nuestro bisabuelo y los otros reyes, y los buenos usos y buenas costumbres que entonces tenían”.

El Fuero Extenso se mantuvo vigente hasta los Reyes Católicos que hicieron que prevaleciera el Ordenamiento de Alcalá; en segundo lugar, los fueros municiales; tercero, las Partidas de Alfonso X.

El fuero de Sepúlveda se concedió tal cual en 1143 a la villa de Roa. En 1179 se concede a Uclés (ciudad cabecera de la Orden Militar de Santiago). La concesión del Fuero a Cuenca fue por estas fechas.

 


stipulaciones del Fuero

En ell antiguo contenido del fuero se concede a los sepulvedanos unas grandes ventajas debido a su situación fronteriza.

Un ejemplo es la prerrogativa de poder presentar pruebas con testigos en litigios con infanzones u otros  villanos.

Otro ejemplo.  Si un vecino sepulvedano mata a un castellano, sólo paga la octava parte del homicidium y si logra escapar más allá del Duero no se le puede perseguir. En cambio, si un castellano mata a un vecino de Sepúlveda paga todo el homicidium. Sepúlveda se convierte en una tierra de asilo: el raptor, el ladrón que se refugie allí es inviolable. Si es perseguido más allá del Duero y dado muerte, el autor debe pagar 300 sueldos de homicidio.

La comunidad urbana está muy protegida contra la arbitrariedad. El concilium o concejo es la expresión de la comunidad, responsable de la seguridad de cada vecino frente al señor de la ciudad. Un vecino no tiene que responder ante una denuncia del señor sino ante el juez. Los derechos del palatium son limitados.

En caso de robo, la víctima puede pedir que se proceda a una pesquisa (pero sólo por orden del juez y con la asistencia del sayón del concejo). El palatium solamente recibe una novena parte de la multa. En caso de hallazgo de tesoro, ni el rey ni el señor perciben nada. El derecho de albergue es limitado. En cambio, el señor está protegido contra confiscaciones de prendas (si un vecino coge algo que pertenece al Señor, debe pagar una multa de 60 sueldos y el valor doblado de la prenda).

La ciudad tiene su propio gobierno formado por el juez y los alcaldes. El juez parece ser un funcionario señorial, aunque debe ser vecino de Sepúlveda y es designado cada año por los vecinos de las parroquias. Sobre los alcaldes, solamente sabemos que están exentos de servicios personales durante su mandato.

El fuero solamente hace una vaga referencia al merino y al alcalde que manda la milicia urbana y es responsable de la defensa: “deben ser de la ciudad”. El merino es un agente señorial, pero su asesinato solamente conlleva una multa simbólica. Cobra una renta y percibe la séptima parte de las multas y del quinto. Además, hereda a los que mueren sin descendencia.

Los vecinos de Sepúlveda tienen amplias libertades que los hacen prácticamente iguales a los infanzones: si algún infanzón atenta contra su honor debe reparar personalmente la ofensa, si no, es considerado enemigo de la comunidad. Los vecinos también están exentos del impuesto de mañería.

En cuanto al servicio militar, solamente los vecinos (caballeros y peones) están obligados a seguir al rey y en el caso de que el soberano asedie una plaza o entable batalla campal. El concejo tiena una amplia autonomía familiar y el pago de la fonsadera se puede imponer si lo decide el concejo para las expediciones que el propio concejo organice. El que proporcione casco y armadura a un caballero está dispensado de marchar, los caballeros pueden excusar a los que le faciliten una bestia de carga. Cuatro peones excusan a quien proporcione un borrico.

Hay pocas cláusulas de tipo económico: No se pueden tomar prendas “in arequa” (la recua era una expedición comercial a tierra musulmana; sus integrantes gozan de un status especial). Esto parece indicar que Sepúlveda mantenía algunas relaciones comerciales con Al-Andalus. Los vecinos, además están exentos de portazgo en todo el reino.

Las aldeas del término de Sepúlveda tienen grandes prerrogativas. Ningún forastero puede tomar prendas en las aldeas. Fuera de estas aldeas están otras villas dependientes del rey o de infanzones que eran “populatas ad uso de Sepúlveda”. Por tanto, tienen los mismos derechos y participan en las expediciones militares con la ciudad (no hacerlo suponía una multa de 60 sueldos).

Todas estas libertades tan amplias puede hacer sospechar que el núcleo urbano sobrevivió aislado durante el periodo entre las campañas de Almanzor y la repoblación de Alfonso VI, y por tanto se vieron obligados a regirse ellos mismos y lo que Alfonso VI hizo no fue sino confirmar las instituciones que se habían consolidado.

Los miembros de las comunidades urbanas de la Extremadura están sometidos en el s. XI a la jurisdicción del palatium (el rey), que se ejerce por medio del merino, del sayón y de los jueces. Todos los vecinos son colectivamente responsables ante el palatium en caso de homicidio. Este término se aplica a toda muerte violenta, sea provocada o accidental. También se aplica a la multa que debe satisfacer la comunidad.

Los delitos se castigan con castigos corporales y con multas (caloñas). Una parte de la multa va al palatium, y otra a la víctima. Su cobro corresponde al merino y al sayón que reciben una parte de su importe (merinaticum y sayonía). Para asegurar su cobro, pueden tomar prendas a menos que el culpable pueda presentar garantes que respondan por él.

Al señor se le deben cánones: censos, infurciones, martiniega. Estos censos reciben el nombre de pechos (pectum). En el s. XII se une el petitum. También se deben las prestaciones personales (sernas: trabajos agrícolas; facenderas: trabajos de mantenimiento de fortalezas y caminos). También el derecho de albergue y alimentación al señor o rey (yantar). El servicio militar se satisface con el fonsado y la anubda, que afectan a todos los hombres en edad de luchar. La fonsadera es un pago en sustitución del servicio militar. Los monopolios del horno y molino son bastantes frecuentes. El uso de los montes y pastos se paga mediante el herbazgo o herbaticum y el montzago o  montaticum. En villas y ciudades se cobra el portazgo, impuesto que graba las mercancías que entran o salen.

Para resguardarse de las arbitrariedades en las recaudaciones del merino y sayón, muchos fueros estipulan que es lícito darles muerte si se extralimitan (caso de Sepúlveda). Con el tiempo se limitan las arbitrariedades fijando de modo muy preciso las competencias de merinos y sayones, aligerando cargas y se tiende a restringir el campo de la responsabilidad colectiva en materia de homicidios.

La ocupación de una villa va acompañada de una concesión a los pobladores y, en su caso, a los vecinos que ya estuviesen allí, de cierto número de ventajas para atraer y fijar población.

En Sepúlveda, los habitantes del arrabal tienen su alcalde, pero no pueden elegir al juez. Más allá de las murallas y arrabal empezaba el alfoz (palabra que deriva del árabe al-hawz, distrito), palabra introducida en Castilla probablemente por los repobladores mozárabes. En principio, no significa dependencia jurídica con respecto al centro de la población, sino un vínculo, más o menos estrecho, entre el territorio y sus villas con la ciudad. La ciudad es el núcleo de la vida religiosa, lugar de refugio en caso de razzia, lugar donde se ejercía la justicia (los encargados de ejercerla viven en la ciudad), allí se reúne el concejo. El fuero de Alfonso VI habla de termini para designar el territorio del alfoz. Dentro del término, existen villas que pertenecen al rey o a algún infanzón y que deben poblarse según la costumbre de Sepúlveda. Los vecinos del alfoz o término también participan en las expediciones militares de Sepúlveda y están obligados a acudir en apellido. El incumplimiento se sanciona con una multa. Las villas del término pagan la infurción al rey.

El extenso alfoz de Sepúlveda fue algo común en la política repobladora de los reyes durante el siglo XII: para la realeza es el medio menos costoso de asegurar la administración, defensa y aprovechamiento de las zonas reconquistadas y de evitar la implantación de señoríos laicos o eclesiásticos. Esto favorecía a los pobladores de la ciudad ya que disponían de extensas tierras donde llevar a pastar sus ganados  y poder abastecerse de productos agrícolas, pesca, caza y materias primas.

El término comprende espacios que no son objeto de apropiación individual, que reciben el nombre de “monte”. En parte de estos espacios comunales, el concejo puede prohibir la tala o el pastoreo (dehesas).

A partir del siglo XIII se generaliza llamar “común” a todo lo que en la villa o el término pertenezca colectivamente al concejo: fuentes, la plaza donde se celebra el mercado, el lugar de reunión de la asamblea urbana, las orillas de los ríos, los caminos, los montes y dehesas. Todo vecino puede usarlos, sea pobre o rico, pero los forasteros no pueden hacerlo en contra de la voluntad del concejo.

Aparte de villas, existen las aldeas.  Los habitantes de las aldeas participan de las expediciones armadas de la milicia urbana y contribuyen al mantenimiento de las murallas. Además, deben pagar un impuesto a la villa.

Las aldeas tampoco disponen libremente del territorio. En el fuero de Sepúlveda se dice que todo aquel poblador debe construir su casa en el lugar indicado por el concejo (la aldea no puede oponerse). Los magistrados arbitran los pleitos entre aldeas por los límites entre ellas.

 


oncilium

Toda comunidad, sea ciudad, villa o aldea, cuenta con su asamblea (el concilium o concejo) que reúne a los vecinos. Al principio, la comunidad de vecinos se reúne para resolver ciertos problemas económicos, conflictos sobre uso de montes o pastos, o para buscar a los infractores a alguna ley. Al principio comprende a todos los adultos (hombres y mujeres), aunque con exclusión de judíos. Los francos (pobladores venidos de más allá de los Pirineos) gozan de los mismos derechos que los lugareños. Los clérigos y sacerdotes también participan. No hay distinciones de rango ni de fortuna. En el fuero de Sepúlveda se dice: “si algunos ricos omnes, condes e potestades, caballeros e infanzones de mi regno o de otro viniere poblar a Sepúlveda, tales calonnas ayan quales los otros pobladores”.

A partir del siglo XII, el concejo se convierte en el órgano de gobierno de villas y ciudades, aunque, a la vez, deja de estar abierto a todos. Son excluidos los no vecinos permanentes y a ciertos vecinos que no reúnen unas determinadas condiciones. El hijo de vecino es considerado vecino. Los nuevos moradores no se consideran vecinos hasta que no acreditaran un tiempo determinado de residencia (un año, normalmente) y unos bienes raíces (casa, tierras). El vecino debía ser pechero, es decir, que pueda contribuir a pagar su parte de impuestos a la ciudad o al rey. El vecino que cumpliera estos requisitos era inscrito en una parroquia (o colación), a efectos de pago de diezmo eclesiástico y demás impuestos (que se pagan por colaciones).

La vecindad implica un vínculo de solidaridad entre vecinos. La comisión de un delito grave por parte de un vecino implica la exclusión de éste y su conversión en enemigo de toda la comunidad. Igualmente, está prohibido acoger al enemigo de la comunidad. También está prohibido ser vasallo de un señor ajeno a la villa. En caso de peligro, están obligados a defender la villa con las armas (es el appelitum o apellido).

A lo largo del siglo XIII, estos vínculos de solidaridad se fueron relajando. También empieza a haber diferencias económicas: encontramos alusiones en el concilium a minores y mayores. La sociedad está organizada y dominada por los propietarios organizados para la guerra. Todo aquel que tenga un caballo y equipo necesario para hacer la guerra, tiene una serie de privilegios que se van ampliando poco a poco (están exentos de una parte de los impuestos, en caso de pleitos, tienen derecho a mayores indemnizaciones que otros vecinos). Además, los caballeros tienen personal a su servicio (criados, obreros agrícolas, pastores, etc.) que no pueden ocupar ningún cargo en el concilio debido a esa dependencia, aunque sí participan en las expediciones militares a las órdenes de su señor. A lo largo del siglo XIII, los caballeros van consiguiendo monopolizar los cargos del concejo.

La asamblea necesita unos representantes para discutir con el rey o el señor, o para hacer respetar las decisiones del concejo. Serían los hombres buenos de los que hablan los documentos.

La asamblea del concejo se reúne por voz del pregonero o a toque de campana en un lugar concreto (iglesia o plaza). No sabemos si estas reuniones eran periódicas o se hacían solamente en caso de necesidad. Sus competencias eran amplias: decidía sobre la utilización de bienes comunales, vela por la construcción y conservaciones de calles, puentes o caminos, lo mismo sobre murallas; decide sobre expediciones militares; reglamenta el montante de los impuestos y su reparto entre los vecinos; fija pesos y medidas. En el terreno jurisdiccional, el procedimiento de los juicios (ordalías, desafíos y el riepto) se hace en presencia del concejo. Las penas de prisión u horca se deciden en concejo.

 

 


olaciones

La colación es una pieza esencial en la organización de la villa. Cada una de ellas tiene su concilium, que serviría para ratificar los acuerdos que incumbiese a los bienes situados en dicha parroquia. En el Fuero de Cuenca, una cesión no es definitiva hasta que no es validada (roborata) en la colación del vendedor con el testimonio de cinco vecinos.

La colación es una unidad fiscal y su concilium serviría para repartir el monto de los impuestos de dicha parroquia.

 


argos públicos

Las primeras comunidades urbanas están gobernadas por agentes reales o señoriales: juez, merino y sayón. Juzgaban desavenencias y cobraban los cánones. Desde finales del siglo XI, empiezan a aparecer en las cartas foreras una serie de magistrados que reciben el nombre de aportellados.

  • Juez: Es la máxima autoridad concejil. En un principio es un antiguo agente del palatium, aunque en la Extremadura, a partir de finales del siglo XI es elegido por el concejo, por un año entre los vecinos que dispusiesen de caballo y tengan casa habitada en el concejo. Debe prestar juramento ante el concejo al iniciar el mandato. Tiene tanto funciones militares como judiciales. Así, manda la milicia urbana y lleva el estandarte de la villa en campaña. Juzga en la puerta de su casa y sus audiencias son anunciadas por el pregonero. Puede celebrar sesión con uno de los alcaldes pero los procesos contra malhechores son de su única competencia. Se reúne con los alcaldes en viernes con los que trata los asuntos generales del concejo y juzga los procesos más importantes. Tiene capacidad de tomar prendas, de hacer pesquisas y de retener en prisión (por ello es el custodiador del cepo concejil). También tiene responsabilidades fiscales: vela por el cobro del quinto real, las multas y cánones. En caso de ausencia (por estar en campaña con la hueste), uno de los alcaldes ocupa su puesto (es el juez facticio). En caso de muerte antes de terminar mandato, el juez será aquel que herede sus bienes. Si no tiene heredero, el concejo designa juez en la colación a la que corresponda ese año la elección del juez. Cobra una parte de las multas, además de un sueldo.

 

  • Alcaldes: En la Meseta encontramos jueces árbitros nombrados por las partes en litigio. Es muy posible que los alcaldes de los concejos derivaran de esta figura. Son elegidos anualmente por la asamblea concejil: un alcalde por cada colación. Deben ser vecinos con caballo y casa abierta desde hace más de un año.  Reciben una retribución fija  y una parte de las caloñas. Juzgan algunos pleitos (de dos en dos, nunca individualmente) pero los pleitos importantes (por homicidio y robos) se juzgan en concejo y siempre en presencia de todos los alcaldes. Ejercen un control general de  las actividades de la villa, sobre todo las de tipo económico.

 

  • Jurados: son una figura no muy conocida. En el Fuero de Sepúlveda los procesos pueden ser juzgados por los alcaldes o por los jurados (llevan a cabo las investigaciones en caso de que un cristiano matara a un judío). Pudiera ser que el título se le atribuyera al alcalde que ha jurado su cargo ante el concejo.

 

  • Andadores: transmiten los mensajes del concejo. Uno acompaña continuamente al juez. Aplican los tormentos a los malhechores y vigilan a los prisioneros. Pueden tomar prendas. Convocan a los demandantes.

 

  • Pesquisidores: hacen las investigaciones y ejecutan a los culpables.

 

  • Sayón: es también el pregonero. Convoca al concejo por orden del juez, anuncia las audiencias de éste y proclama los avisos de los alcaldes que deben ser conocidos por los vecinos. Permanece en la puerta del lugar de reunión del concejo, cuida del orden e introduce a los demandantes. Debe ir obligatoriamente en la hueste del concejo. Se elige por un año y cobra un sueldo fijo y pare de las multas y portazgo. En el siglo XIV desaparecerá esta figura, siendo sustituida por el alguacil.

 

  • Almotacén: en 1257, Alfonso X autoriza al concejo de Sepúlveda a elegir cada año a esta figura para vigilar los pesos y medidas y el buen orden del mercado.

 

  • Portazguero: recauda el impuesto del portazgo en la villa y en las aldeas.

 

  • Cogedor: es el encargado de recaudar en su colación la parte del impuesto municipal que corresponda a su parroquia. Hay uno por colación.

 

  • Guardas: Para vigilar campos, viñas y pastos se hace necesaria la creación de guardas, pero no se pueden considerar magistrados, aunque son nombrados por el concejo.

 

  • Notario o escribano: en algunos lugares se le conoce como el “segundo” del juez. Vigila los archivos de la villa y, si es preciso, se le pide que lea el fuero. Lleva las cuentas del concejo, del juez y de los alcaldes. Lleva al día, con la ayuda de sus auxiliares la lista de los vecinos. No debía escribir nada, sin orden del rey o del concejo, en el Libro del Fuero. Recoge las sentencias judiciales. No guarda el sello del concejo, que es confiado al juez. También es elegido anualmente. Cobra un sueldo fijo y una cantidad por documento generado.

En la Extremadura castellana los cargos públicos son elegidos desde una época muy temprana. Son elegidos por un año, sin que puedan ser de nuevo elegidos para el mismo cargo, salvo que no haya un candidato con las condiciones exigibles. En el Fuero Extenso se estipula que se eligen dichos cargos el primer domingo después de San Miguel. Cada colación elige un alcalde y el juez es elegido de forma rotatoria entre las colaciones.

Todos estos cargos cobran un salario, que suele ser una parte del producto de las multas y tienen derecho a algunas exenciones fiscales.

 

 


edianedo y Hermandad

La extensión e imprecisión de los límites de los alfoces hacían comunes los pleitos entre villas limítrofes. Normalmente estos pleitos eran debidos a incursiones de ganados de una villa en el alfoz de otra. En este caso se abría un procedimiento de toma de prendas. Otro caso de conflicto podría ser el delito cometido por un villano en otra villa.

En el Fuero de Sepúlveda, ya en el siglo XI se fija el lugar donde deben desarrollarse los procesos que enfrentan a los hombres de la villa con los de otras villas. Este lugar recibe el nombre de medianedo y está situado fuera de la villa de Sepúlveda. Solía ser un lugar equidistante de las poblaciones en litigio. No conocemos su composición y funcionamiento, aunque en algunos fueros los caballeros que asisten al medianedo reciben una compensación por lo que se puede suponer que los representantes de cada villa eran enviados del concejo.

Existe una institución que podía agrupar a varias localidades: la Hermandad. Serviría para fijar una serie de acuerdos previos entre ellas sobre: el ejercicio de los derechos de los vecinos de una localidad dentro de otra; protección de ganado y pastos dentro de los límites de los municipios hermanados; establecer procedimientos de arbitraje entre localidades. Lamentablemente tenemos pocos documentos (del siglo XII) de constitución de estas hermandades. De los existentes se puede adivinar que los conflictos son arbitrados por seis Alcaldes de Hermandad reunidos en junta. Se precisa el procedimiento a seguir en casos de toma de prendas, robos de ganados y homicidios.